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Mantenimiento y averías

La avería cara de este sistema casi nunca es el depósito: es el drenaje colmatado. Y se llega ahí por no hacer un vaciado que cuesta una mañana.

Secuencia de tres momentos: vaciado a tiempo con el drenaje sano, meses sin vaciar con los fangos subiendo, y drenaje colmatado con el agua aflorando en superficie y el terreno por levantar.
La avería cara de este sistema casi nunca es el depósito: es el drenaje colmatado. Y se llega ahí por no vaciar a tiempo.

Vaciar a tiempo es todo el mantenimiento

Los fangos se acumulan en el fondo de la fosa temporada tras temporada. Si no se retiran, llega un momento en que ocupan tanto volumen que los sólidos empiezan a escapar hacia la salida. Y cuando los sólidos llegan al drenaje, lo colmatan.

Esa es la avería que hay que evitar a toda costa, porque reparar un drenaje colmatado significa levantar el terreno y rehacerlo, mientras que un vaciado es una visita de un camión cuba.

Las señales de aviso: malos olores persistentes, desagües lentos en toda la casa, encharcamientos o zonas de hierba anormalmente verde sobre el drenaje, y retornos en los puntos más bajos. Cualquiera de ellas pide revisión, no esperar.

Y lo que no debe entrar en el sistema: toallitas (aunque digan «desechables»), aceite de cocina, disolventes, pinturas, medicamentos y cantidades altas de lejía o desatascadores químicos, que matan las bacterias de las que depende el proceso.

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Fuentes

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